lunes, 4 de marzo de 2013

El cristiano cautivo en la mezquita de Córdoba

Hoy nos fijamos en otra de nuestras joyas: Córdoba, capital del califato Omeya y símbolo del mayor esplendor de Al Andalus y de lo mejor de la convivencia de las tres culturas. Os contamos una de las leyendas más curiosas de la Gran Mezquita, la existencia de una cruz grabada en una de las columnas de mármol de uno de los templos más grandes e influyentes del Islam.

En la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de Almanzor, existe una columna que tiene tallada una cruz de 17 cm y lo que parecen señales de haber existido una cadena en ella.
Cuenta una leyenda que en esa columna hubo encadenado un cautivo cristiano que arañó el mármol con sus propias uñas.
La leyenda probablemente provenga de un breve momento histórico en el siglo IX, cuando San Eulogio inspiró una resistencia contra el aumento de la Islamización de la sociedad cordobesa. Eso habría provocado que varios cristianos entraran en la Gran Mezquita y condenaron el Islam, provocando intencionadamente su propio martirio. Uno de ellos, demasiado joven para ajusticiarlo, fue atado a una columna, y convertido en esclavo, para que se hiciera musulmán...
Sin embargo, lo único que consiguieron es que se aferrara más a su religión, tallando con sus propias uñas una cruz en la columna a la que estaba atado.

A la derecha de la columna existe un cartel pintado en la pared atribuible al S. XVIII con una traducción libre de la inscripción latina que viene a decir:

EL CAUTIVO CON GRAN FE
EN AQUESTE DURO MÁRMOL
CON LA UÑA SEÑALÓ
A CRISTO CRUCIFICADO
SIENDO ESTA IGLESIA MEZQUITA
DONDE LO MARTIRIZARON.

La baranda delantera que la protege parece que fue colocada en el S.XVI. La cruz del cautivo se ubica entre la capilla de Nuestra Señora del Rosario y la de Epifanía. Ahí podemos observar una cruz hendida en el marmóreo fuste de la columna. Encima de la cruz se nos ofrece la siguiente inscripción,"este es el santo Cristo que lo hizo el cautivo con la uña".
En el flanco izquierdo de la columna, hay un tosco bajorrelieve de mármol que muestra la efigie de un hombre de mediana edad, arrodillado en dirección a la cruz de la columna, la figura tiene una soga al cuello y dos grilletes aprisionándoles los tobillos.
La vestimenta ha sido estudiada por un profesor de la Escuela Superior de Arte de Córdoba y la describe como "Almilla de cuerpo, especie de camisola ancha, calzón recogido derivado de los Zagüelles moriscos y gorro o capuz”. Este profesor Ramón Gonzales añade que ésta era la ropa que usaban los "galeotes" en aquella época. Esto lo mando esculpir el racionero Baltasar Nájera de la Rosa entre 1614 y 1627. En un manuscrito de 1735, el capellán de la catedral Tomás Moreno afirma que el arco se llama "del Ahorcado" porque de él colgaron al cautivo.

Ante tantas informaciones podemos sacar las siguientes conclusiones:
1. La leyenda viene de una tradición lejana, es decir ya a principios del S.XVII se hacía referencia a ella.
2. El lugar o ubicación de la inscripción en el fuste de la columna, se encontraba en sitio visible, en el centro de la Mezquita, dado que las capillas laterales en el momento de los hechos aún no estaban construidas. Por ello el cautivo estaría a la vista de los que por el templo se encontrasen.
3. No parece lógico que un lugar sagrado sirviera como cárcel o lugar de tortura.
4. Se necesita mucho tiempo para hacer una inscripción de esa envergadura en una columna de mármol.
5. Son muchas las marcas de cantería o de artesano que se pueden apreciar en los fustes de la mezquita cordobesa, de todo tipo y dimensión.
6. La mezquita-Aljama cordobesa fue el corazón del Islam durante muchos siglos, toda una referencia espiritual, que, tras la conquista, desencadenó un periodo de fervor por lo conseguido. Fervor que bien pudo generar las más notorias fantasías religiosas alimentadas por curiosidades o casualidades.


Este bien pudo ser el origen de la leyenda, una inscripción en la columna, procedente de la marca que un cantero hizo para distinguirla de otras que no eran las suyas. Un descubrimiento que vio en aquello un símbolo de un mártir cristiano, que fue capaz de morir en cautiverio por su religión, grabando con su uña el símbolo de la cristiandad por excelencia, y finalmente un caldo de cultivo adecuado para recibir esa fantasía y expandirla a una sociedad impregnada profundamente de relatos de esas características.

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